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El médico alemán Wilhem Fleiss fue el primero en publicar un estudio sobre el tema.
Era el año 1906 y en ese momento, como muchas grandes obras, fue tomado con burla y escepticismo por la ciencia.
Poco tiempo después, un suizo Hans Früh, dio a conocer la verdad de esta teoría.

Todos los seres humanos estamos sujetos a tres ritmos desde que nacemos:

Primeramente debemos saber la cantidad exacta de días que hemos vivido, incluidos los años bisiestos (un día más: 29 de febrero)
cada cuatro años para compensar el día que pierde la tierra en su movimiento de traslación alrededor del sol, pues lo lleva a cabo en 365 días y casi 6 horas. Acto seguido, dividiremos por 23 si queremos saber cómo estamos en determinación, voluntad, confianza en uno mismo. Por 28 si estamos con ánimo, ganas, impulsos sexuales y por 33 cómo está nuestra fuerza interior y creatividad. El 23 es el ciclo masculino.

Hay estudios que señalan que una pequeña segunda luna, se habría precipitado hace millones de años atrás sobre la Tierra,
habría tenido un ritmo de revolución alrededor de nuestro planeta de 23 días que se grabó en el hombre.
El 28 es el ciclo femenino más conocido por ser el ciclo menstrual de la mujer también determinado por la luna.

El 33 era sagrado en las religiones antiguas. En la antigua América, era una fecha importante en el calendario.
El período de 33 años correspondiente a 3 veces 11 es una cifra clave en las variaciones electromagnéticas del sol y su influencia
sobre la Tierra. La masonería (fraternidad oculista), tiene 33 grados. En la vida diaria son múltiples las aplicaciones del biorritmo.
Las fuerzas cósmicas en sus días positivos y negativos.